Los niños entran en contacto con el
lenguaje escrito antes incluso de que aprendan a leer y escribir. Al igual que
respalda Cuetos, lectura y escritura son unidades inseparables, ya que ambas
comparten y combinan los procesos cognitivos que intervienen en cada uno. Estos
dos conceptos, se deben trabajar de forma paralela pero no simultánea y por
ello se consideran procesos autónomos, ya que el progreso en uno no tiene por
qué ser igual en el otro. Por norma general, la escritura es más complicada de
adquirir, ya que es un proceso grafomotriz.
Lectura y escritura son dos conceptos
que están vinculados y que se relacionan de diferentes maneras. Se relacionan
de forma intrínseca, ya que depende una de la otra, se necesitan para tener
sentido; tienen una relación natural, porque comparten naturaleza al formar
(ambas) parte de lenguaje escrito; y, por último, su relación es de carácter
funcional, porque lo que leemos ha sido escrito antes y lo que se escribe tiene
la función de ser leído.
El aprendizaje de la escritura
requiere diferentes habilidades, que pueden ser de carácter cognitivo,
lingüístico o motriz. Se necesitan habilidades de carácter cognitivo porque
mientras que leer implica decodificar, escribir implica codificar, para lo que
lo que es necesario el conocimiento de la relación fonema-grafema. Además, son
necesarias habilidades de carácter lingüístico, porque se debe conocer y
comprender el código alfabético y finalmente, habilidades de tipo motriz,
porque se requieren destrezas grafomotrices (relacionadas con el trazo) y
dominar la motricidad fina.
Existen tres dimensiones en el
proceso de adquisición de la escritura que hay que trabajar de forma
sistemática e intencional desde el principio del proceso: el trazado de las
letras (muy importante por la relación entre lectura-escritura), la ortografía
(idioma común y código compartido) y la composición contextual (a lo largo de
todo el proceso).
El aprendizaje grafomotriz es un
proceso lento que se inicia con el garabateo y termina con el dominio de las
habilidades motrices necesarias para la escritura. Algunas de estas son el
trazado (líneas, trazos, figuras), la manipulación de elementos gráficos y la
estructuración gráfica (por dónde se empieza, organización del papel).
El proceso de la escritura se aprende
en cinco fases:
Imitación de la escritura adulta:
Esta fase puede durar entre 1 y 4 años. El niño hace dibujos (círculos,
palitos,etc.) como si fueran letras. Hace preguntas para descubrir el nombre de
las letras, empieza a generar ideas.
Diferenciación de grafos: Depende de
la cantidad (cuanto más larga sea la palabra, más signos), variedad interna
(signos diferentes por cada palabra) y variedad externa (en cada palabra
escribe signos diferentes). En el final de esta fase el niño comienza a
segmentar y representar sílabas.
Segmentación silábica: En esta fase
identifican los sonidos con grafías. Puede haber una segmentación cualitativa
(diferentes sílabas y diferentes signos) o cuantitativa (muchas sílabas y
muchos sinos). El niño asocia cada golpe de voz con un sonido. Esta fase puede
permanecer hasta 1º de primaria, depende del avance del alumno. Al final de
ella, se da cuenta de que cada sílaba tiene más de un signo.
Complejización de la relación: El
niño escribe más de una grafía por sílaba, juega con consonantes, vocales y lo
que se le ocurra. Al final de la fase el niño pone cada letra en su lugar
correspondiente.
Análisis alfabético: Aparece la
relación fonema-grafema y las reglas ortográficas. Escribe parecido a un
adulto, sin tener en cuenta algunas faltas ortográficas. Tiene lugar en 2º-3º
de primaria.
Por otro lado, cabe mencionar a
Cuetos (2000), cuyo modelo establece que hay cuatro procesos implicados en el
aprendizaje de la escritura:
Planificación del mensaje: en este
proceso se genera ideas, se organizan las ideas y se revisa el mensaje.
Construcción sintáctica: se construye
la estructura y se colocan las palabras funcionales.
Recuperación de los elementos
básicos: existen dos rutas para acceder a la escritura, que son la ruta
ortográfica y la ruta fonológica.
Procesos motores: hay que tener en
cuenta los alógrafos y los patrones motores gráficos (postura, presión, organización
espacial y grafías).
Como he mencionado anteriormente
existen dos rutas para acceder al proceso:
- Ruta fonológica: se utilizan las
reglas conversión entre fonema y grafema. El niño no codifica, percibe la
palabra y la letra como un gráfico sin sonido.
- Ruta ortográfica: se activa la
información léxica, la palabra total. Genera tipos de información: semántica,
fonológica y ortográfica.
Por otro lado, al igual que las
rutas, existen unos métodos para desarrollar la escritura:
- Método sintético: Comienza en la
unidad en las partes más pequeñas y van aumentando hasta las más grandes.
Si como maestros utilizamos este
método, comenzaremos mostrando las letras, después las sílabas, las palabras y
por último pequeñas frases. No existe un orden a la hora de presentar las
letras, ya que cada método o maestro es el que considera cuál debe ser ese
orden.
- Método analítico: Comienzan con los elementos
más significativos de la lengua. El descubrimiento de la grafía y la
automatización de la grafía.
El aprendizaje de la escritura
requiere trabajar la caligrafía y esto lo podemos hacer a través de juegos como
stop, crear un cuento, adivinar la letra o palabra que he escrito, escribir
mensajes secretos, etc.
Es importante que en el aula
respetemos el ritmo de aprendizaje de cada alumno. No todos aprenden de la
misma forma y menos un proceso tan laborioso como es la escritura. Hay una
frase que dice “La letra con sangre, entra”. No sé a quién se le ocurrió,
pero estoy completamente en contra, es más, “La letra con sangre NO entra”.
Enseñemos a nuestros alumnos a utilizar la escritura como una llave que abre
una puerta de la creatividad. No importa si aprenden a hacerlo antes o después,
lo importante es que disfruten y aprendan significativamente.
Por último, decir que más allá de los
métodos, rutas y teorías está el entusiasmo, las ganas y el corazón de un buen
maestro. Es esencial ser un apoyo para nuestros alumnos, en este caso, en el
proceso del desarrollo de la escritura. No evidenciarles, hacerles ver que el
error es aprendizaje y que la escritura es una herramienta que nos permite
crear lo que queramos.
BIBLIOGRAFÍA
González,
X.A., Buisan, C., Sánchez, S. (2009). Las prácticas docentes para enseñar a
leer y a escribir.
Monfort, M.
y Juárez, A. El niño que habla: El lenguaje oral en preescolar.
Teberosky,
A. (2001). La iniciación en el mundo de lo escrito. Propuesta de una
problemática didáctica integrada.
Jiménez,
J.E. (1996). Conciencia fonológica y retraso lector en una ortografía
transparente. Infancia y Aprendizaje.





